La sala
Ventanal corrido de lado a lado y el balcón justo detrás. Arriba, la losa de concreto a la vista con sus vigas cruzadas, dejada así a propósito. Bajo la escalera hay una pequeña biblioteca, aprovechando el espacio al máximo.
Abajo, la cocina, el comedor y la sala son un solo espacio, con un balcón que recorre toda la fachada. Arriba, la alcoba con su vestier y su baño, el estudio, y una terraza privada esperando.
Los 114 metros están repartidos en dos niveles, lo que le aporta mucho carácter. Abajo queda toda la zona social: amplia, integrada y sin muros que la dividan. Arriba, la alcoba con vestier y baño propio, el estudio y la salida a la terraza.
Es un apartamento pensado para quien vive solo o en pareja y prefiere espacio de verdad antes que habitaciones de más. Cada metro está donde se va a usar.
Queda además el baño social abajo, para cuando llega visita.
Así se camina el apartamento: la zona social entera, el balcón que la acompaña por fuera, y arriba lo privado, que termina en la terraza.
Ventanal corrido de lado a lado y el balcón justo detrás. Arriba, la losa de concreto a la vista con sus vigas cruzadas, dejada así a propósito. Bajo la escalera hay una pequeña biblioteca, aprovechando el espacio al máximo.
Amplia, integrada y sin muros que la dividan: la barra da al comedor y el comedor da a la sala, así que cocinar nunca es quedarse por fuera de la conversación.
Recorre toda la fachada. Se sale desde la sala y desde el comedor, y desde ahí se ve la montaña.
Piso trece, última planta. La cama mira al ventanal y el ventanal abre a la terraza privada.
Cerrado, dentro de la alcoba, con espejo de cuerpo entero y entrepaños hasta el techo.
Mesón en granito negro y ducha en mosaico. La puerta del fondo también sale a la terraza.
Un mesón corrido para dos puestos de trabajo. Con la puerta abierta, trabajas al lado de la terraza.
Pérgola de madera, bombillos colgados y la montaña de frente. Al final del día, todos terminan aquí.
Piso 13, sin vecino arriba. La terraza y la pérgola existen porque el apartamento es el último del edificio.
Concreto a la vista con vigas cruzadas, iluminación en rieles, puerta vidriera con divisiones, escalera de acero con biblioteca debajo y pisos en madera oscura. La personalidad ya está puesta; solo hay que llegar a vivirla.
Amplia, integrada y sin muros que la dividan. Los 114 metros se sienten completos porque no están partidos.
Sales a comer caminando y vuelves a una calle silenciosa. Y dos garajes con depósito, que en El Poblado siempre hacen falta.
Provenza está a tres cuadras. Pero la calle del edificio es residencial y tranquila: sales caminando a comer y vuelves al silencio.
Mi visión como arquitecta me permite leer lo que un plano no cuenta: cómo se vive realmente un espacio, qué se puede transformar y qué no. Te acompaño a encontrar la propiedad que se ajuste a tus objetivos, o a vender la tuya de forma ágil y estratégica.
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